La epopeya de los caballeros blanquecinos

La Epopeya de los Caballeros Blanquecinos


En un reino escondido
Al que nadie podía llegar
Había un guerrero denodado
De una honrada orden,
De destructores del desorden
Y ecuánimes justicieros

Los guerreros blancos, se hacían llamar
Pues blanca era su tez, blanca como las gaviotas del mar
Provenientes de una profunda oscuridad,
Tenían el porte similar al de una deidad

El susodicho guerrero anhelaba llegar
A la gloria infinita, al sosiego absoluto
El objetivo final, el objetivo total
Allí era donde le gustaría terminar,
Lejos de todo tipo de abyecto,
Lejos, en aquel portal

Los guerreros blancos, se hacían llamar
Pues blanca era su tez, blancos eran; sí
Provenientes de una profunda oscuridad,
Era infinitamente vasta su capacidad

El camino era largo, muy largo
Y tortuoso, sí, muy tortuoso
Pero por eso debía hacerse cargo
De su destino y llegar, ¡Por Dios que debía llegar!
Sólo así podría forjarse un nombre digno de halagar
Sólo así podría hacerse digno de la felicidad

Los guerreros blancos, se hacían llamar
Pues blanca era su tez; muy, muy blanca
Provenientes de una profunda oscuridad,
Eran la personificación de la caballerosidad

Había mucha competencia, demasiada
Pero debía luchar, para así ganarles
Podría, quizás podría: o eso parecía
No perder la esperanza era ley obligada
Aun contra aquellos seres implacables
A los que él tanto aborrecía

Los guerreros blancos, se hacían llamar
Pues blanca era su tez; blanca como la nieve polar
Provenientes de una profunda oscuridad,
Sus nombres perdurarán hasta la eternidad

Muchos escollos habría de franquear,
Muchos senderos habría de atravesar,
Pero sería pequeño precio a pagar
Comparada a la recompensa a apoderar
Comparada a la recompensa a disfrutar
No sería nada...

Los guerreros blancos, se hacían llamar
Pues blanca era su tez, como me gusta señalar
Provenientes de una profunda oscuridad,
No conocían la ansiedad

Silencio mortal, silencio sepulcral
Nada podía hacerle perder la concentración
Tanto esfuerzo parecía innatural
Esta vez no iba a dejar su precaución
Y se pensaba mantener integral
Pues no quería acabar en una expiración

Los guerreros blancos, se hacían llamar
Pues blanca era su tez..., si no es un deja vu, esto ya lo dije
Provenientes de una profunda oscuridad,
Eran la imagen prístina de la bondad

Sí... ¡Lo iba a lograr!
¡Y hasta Dios se iba a alegrar!
¡Qué bueno que lo iba a lograr!
¡Y aún más, si hasta Dios se iba a alegrar!

Pero no... ¡No! ¡No!
¡La puerta se estaba cerrando!
Muerte... eso le esperaba...
Aun a pesar de su todo su brío...
¡No había llegado al ovario!

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